Cuando el éxito se convierte en tu zona de confort

Cuando el éxito se convierte en tu zona de confort

Durante años sacrifiqué madrugadas, fines de semana, cumpleaños y aniversarios para construir lo que tengo hoy. Quienes me conocen saben lo obsesionado que soy con hacer que las cosas sucedan. Lo curioso es que, ahora que conseguí muchas de las cosas que quería, siento que perdí parte del hambre que me trajo hasta aquí.

Durante los últimos meses me he encontrado bastante cómodo. Whaticket sigue creciendo, las inversiones avanzan y, en general, las cosas van bien.

Recuerdo el año 2018 cuando estaba comenzando y cada mes había que hacer prácticamente milagros para pagar a los empleados.

Cada cliente importaba. Cada dólar tenía un propósito. Cada oportunidad había que aprovecharla.

Cuando haces bootstrapping, aprendes a trabajar como si mañana fueras a quedarte sin dinero.

Pero ¿qué pasa cuando esa necesidad desaparece?

Hoy puedo invertir en nuevos proyectos y explorar ideas sin que cada error represente una amenaza para mi estabilidad económica.

Y, curiosamente, esa comodidad empezó a reflejarse en mis proyectos personales.

Mi canal de YouTube avanza más lento de lo que quisiera, esta newsletter perdió frecuencia y mi nuevo proyecto tampoco está avanzando con la intensidad que esperaba.

No es por falta de recursos, ni oportunidades.

Simplemente, ya no siento la misma urgencia de antes.

¿Por qué esperamos a que las cosas estén mal para reaccionar?

Estos días, mientras reflexionaba sobre esto, encontré un concepto psicológico interesante: la adaptación hedónica.

Básicamente, los seres humanos tendemos a acostumbrarnos a las mejoras de nuestra vida. Aquello que alguna vez soñamos tener termina convirtiéndose en nuestra normalidad.

Y creo que algo parecido me estaba pasando.

Esto me llevó a otra pregunta: ¿por qué muchas veces esperamos a que algo salga mal para comenzar a movernos?

Cuando una relación está a punto de terminar, recién empezamos a valorar a nuestra pareja.

Cuando nuestra salud empieza a deteriorarse, decidimos hacer ejercicio.

Cuando nuestro negocio está cerca de quebrar, nos volvemos creativos y encontramos soluciones que antes ni siquiera habíamos considerado.

¿Por qué esperamos a estar contra las cuerdas para dar lo mejor de nosotros?

En mi caso, cuando necesitaba hacer crecer la empresa, no me faltaban razones para moverme.

Hoy, cuando tengo la posibilidad de explorar y construir sin aquella presión económica, me descubrí postergando cosas que realmente me importan.

Y eso me frustró.

Porque entendí que mi problema no era haber dejado de perseguir más dinero.

Mi problema era que, junto con aquella urgencia por crecer, también había dejado de lado parte de mi curiosidad, mis ganas de aprender y mi entusiasmo por crear cosas nuevas.

Una nueva razón para seguir

Aquí podría ponerme filosófico y contarles que me fui al Himalaya, encontré mi propósito y regresé como una persona completamente renovada.

Pero voy a ser honesto: quiero que mi mensaje llegue a la mayor cantidad posible de fundadores y emprendedores de todo LATAM.

Quiero que esta newsletter tenga miles de suscriptores, que mis videos de YouTube lleguen a más personas y que mis redes sociales tengan mucha más exposición.

Pero para conseguirlo necesito ponerle intensidad. No puedo pretender llegar a miles de personas publicando únicamente cuando tengo ganas o cuando me sobra tiempo.

Así que esta semana decidí hacer algunos ajustes: más contenido, más experimentos y mucha más presencia en redes sociales.

Y si tengo que hacer bailes de TikTok para llegar a más fundadores, ¡pues los haré! 😂

Por cierto, ya está disponible en mi canal de YouTube la serie en la que estoy documentando cómo construir un SaaS desde cero. Vamos por el tercer episodio y estoy compartiendo todo el proceso.

👉 Puedes verlo en mi canal de YouTube.

Para terminar...

Quería compartirles esto porque creo que no es algo que ocurra únicamente cuando construyes una empresa.

Puede suceder cuando consigues el trabajo que tanto querías, la relación que deseabas o aquella meta que parecía tan lejana.

A veces, después de conseguirlo, la emoción disminuye. Y eso no necesariamente es malo.

Tal vez simplemente estás disfrutando de lo que construiste. O tal vez, como me pasó a mí, te acostumbraste tanto a tu nueva realidad que dejaste de prestar atención a algunas cosas que antes te hacían sentir vivo.

Creo que lo importante es preguntarnos si estamos cómodos porque estamos disfrutando de nuestra vida o porque hemos dejado de perseguir aquello que realmente nos importa.

En mi caso, la comodidad no era el problema. El problema era que estaba dejando de lado mi curiosidad y mis ganas de aprender.

Quizá no necesitamos recuperar el hambre de cuando no teníamos nada. Quizá necesitamos encontrar una nueva razón para seguir creciendo ahora que tenemos mucho más.

Nos vemos.

Únase a la comunidad de fundadores que están construyendo en serio

Contenido exclusivo para suscriptores. Suscríbete, es gratis.